LA HISTORIA (Parte II)
 
Es el auge de la Modernidad, las ciudades crecen y el ocio es el lujo
de la clase alta.
Al no tener descendencia, las tierras pasan a ser propiedad de su padre, don Carlos Guerrero, y a la muerte de éste y de su esposa, Felicitas Cueto, los siete hijos del matrimonio heredan los campos.
De la subdivisión realizada en 1886, 25 km de playas y médanos costeros quedan divididos entre las estancias Martín García, La Invernada, El Rosario y Manantiales, propiedad de Manuel y Enrique Guerrero. Poco tiempo después, las tierras pasan a manos de José Guerrero.
Al tener un medio de comunicación cercano, surge la idea de aprovechar urbana y turísticamente la zona, sólo poblada por mar, dunas y médanos solitarios. Entonces, los pioneros belgas Ferdinand Robette y Agustín Poli decidieron comprar una fracción de 14 km2 de dunas.
A partir de 1909, una compañía belga al mando de Robette encara el ambicioso proyecto que da empleo a trabajadores japoneses que residen a 1 km, en el puesto de estancia Colonia Tokio. Los belgas, nostálgicos, llamaron Ostende al lugar, pues les recordaba el balneario del Mar del Norte. De allí venían y, a imagen y semejanza, buscaron desarrollar un proyecto urbanístico cercano a los balnearios europeos.
EsSe desarrolla la arquitectura, Henry Ford moderniza
la industria automotriz y en Buenos Aires
se inaugura el subterráneo A.

Una urbanización no habitual, sin lujo pero elegante, incluía una avenida central de 50 m de ancho, un hemiciclo y una rambla con pilares y balaustradas, que quedó inconclusa y cuyos pináculos hoy sobresalen de la arena.

En el proyecto original estaba previsto un hotel de más de 80 habitaciones, el Hotel Termas, que luego se convertiría en el Viejo Hotel Ostende.

Ofrecía amplios salones, espacios para juegos, lectura y esgrima, fábrica de pastas y repostería, restaurantes y jardines de invierno. La llegada al hotel formaba parte de la aventura. Un tren partía de la estación Constitución hasta la estación Juancho. El viaje proseguía en volantas hasta la Colonia Tokio, donde comenzaban las dunas y se transbordaba a un pequeño tren de vías móviles (decauville) que llegaba a destino.